Opinión
Adolfo del Cueto Aramburu: el petróleo podría abaratarse en 2026 por exceso de oferta global
El mercado del petróleo encara 2026 con un tono más frío que el que suelen imponer las tensiones geopolíticas de corto plazo. En un contexto de normalización macroeconómica y crecimiento global moderado, el principal factor que vuelve a dominar la narrativa del crudo es la sobreoferta: una producción que, en términos agregados, tiende a situarse por encima de la capacidad de absorción de la demanda.
En su informe, Bulltick —firma internacional de servicios financieros— proyecta que el petróleo podría registrar una caída moderada de alrededor del 5%–6% durante 2026. Sería un escenario de presión bajista menos abrupta que la del año anterior, pero igualmente relevante para los mercados y para las economías dependientes del hidrocarburo.
La lectura que plantea Adolfo del Cueto Aramburu, fundador y CEO de la firma, se apoya en una combinación de factores estructurales: desaceleración global gradual, ajuste de la inflación hacia niveles más estables y un equilibrio energético que, salvo shocks puntuales, tiende a premiar más la disciplina y la eficiencia que los repuntes especulativos.
Por qué el petróleo no despega en 2026
La idea de un “rebote asegurado” en el precio del crudo choca este año con una realidad que el mercado conoce bien: cuando el balance entre oferta y demanda se desequilibra, el precio suele ajustarse aunque el entorno sea volátil.
El informe sitúa el petróleo dentro de una cesta de variables estratégicas que, junto con el dólar y el oro, ayudan a interpretar el pulso macro de los próximos meses. Y el diagnóstico sobre el crudo es claro: hay más factores empujando a la baja que catalizadores sostenibles al alza.
Más oferta que demanda
El punto de partida para 2026 es un escenario de crecimiento mundial moderado. El documento de Bulltick estima que la economía global avanzará en torno al 2,9%, ligeramente por debajo de 2025, con un ritmo más prudente en los grandes motores del ciclo (China, India, Japón y zona euro) y con Estados Unidos manteniendo resiliencia.
Esa desaceleración no implica una contracción severa, pero sí un entorno donde la demanda energética crece con menos fuerza. Sobre todo, en industrias intensivas en consumo y cadenas logísticas que ya no corren al ritmo del rebote postpandemia.
Por el lado de la oferta, en cambio, el mercado continúa mostrando capacidad de producción elevada. En términos simples: si el barril no encuentra escasez real, le cuesta sostener subidas prolongadas. El resultado es una presión bajista persistente, con episodios de rebote que suelen agotarse con rapidez.
Tensiones geopolíticas: impacto transitorio
Los episodios de inestabilidad geopolítica pueden tensionar el suministro, elevar primas de riesgo y generar repuntes rápidos. Sin embargo, el enfoque de Bulltick subraya que, más allá de esas presiones transitorias, el crudo tendería a retomar su trayectoria descendente debido al peso dominante de la sobreoferta.
En otras palabras: los shocks geopolíticos pueden alterar el precio durante semanas o meses, pero para cambiar la tendencia anual hace falta un desequilibrio sostenido. Y, según estas perspectivas, el desequilibrio central del año es el contrario: exceso de producción.
Qué movimiento de precio se espera
La lectura de Bulltick evita tanto el alarmismo como el optimismo fácil. No se plantea un desplome súbito, pero sí un ajuste gradual y consistente, en línea con un mercado que estaría reequilibrándose por acumulación de oferta y una demanda contenida.
Caída moderada prevista (≈5%–6%)
El informe anticipa que el petróleo podría cerrar 2026 con una caída aproximada del 5–6%, un descenso suficiente para tener consecuencias macro y sectoriales, pero de intensidad menor que la del ciclo anterior.
Este rango sugiere un mercado que “cede” más por acumulación de presión que por un evento puntual. Sobre todo, si los inventarios se mantienen holgados y la demanda no acelera al ritmo necesario para absorber la producción.
Comparación con 2025 (caída más brusca)
La comparación con 2025 es relevante para dimensionar el escenario. Mientras 2026 se perfila como una corrección moderada, Bulltick recuerda que en 2025 el petróleo registró una caída cercana al 15%. Esta abrupta dinámica dejó huella tanto en expectativas de inflación como en los presupuestos de países productores.
Esto marca un matiz importante: 2026 no sería “otro año de derrumbe”, sino un periodo donde el mercado sigue sin catalizadores claros para una recuperación robusta, con un ajuste menos violento pero igualmente bajista.
Impacto económico
El petróleo no solo es una materia prima: es una variable macroeconómica con efecto dominó. Afecta inflación, consumo, transporte, márgenes empresariales, balances fiscales y cuentas externas. Por ello, incluso una caída moderada puede tener implicaciones significativas a nivel global y sectorial.
Menos presión inflacionaria
Uno de los efectos más inmediatos de un petróleo más barato es la reducción de presión inflacionaria, especialmente en componentes vinculados a transporte, energía y logística.
Bulltick parte de una visión en la que la inflación en EE. UU. seguiría por encima del 2% durante 2026 —con un cierre estimado en torno al 2,9%—, por lo que cualquier ayuda desde el canal energético puede contribuir a frenar tensiones sin necesidad de ajustes monetarios agresivos.
En la práctica, un petróleo con sesgo bajista funciona como amortiguador: no resuelve por sí solo los factores estructurales, pero reduce el riesgo de repuntes inesperados en el índice de precios. Favorece un entorno más estable para consumidores, empresas y bancos centrales.
Problemas para países productores
El reverso del petróleo más barato es un desafío para los productores. Un precio en retroceso suele traducirse en:
- Menores ingresos fiscales.
- Presión sobre las balanzas comerciales.
- Dificultades para sostener la inversión en infraestructura energética.
- Ajustes en política presupuestaria y, en algunos casos, mayor dependencia de deuda.
Bulltick advierte que este escenario plantea riesgos para economías productoras. El ajuste del crudo impacta de forma directa en cuentas públicas y capacidad de maniobra, afectando su estabilidad macro y la ejecución de programas de gasto e inversión.
Implicaciones para empresas
Para el tejido empresarial, el petróleo tiene un efecto doble: puede aliviar costes, pero también rediseña estrategias, presupuestos y decisiones operativas. En 2026, el mensaje principal es que el ahorro relativo no debe interpretarse como un cambio estructural definitivo, sino como una ventana de planificación y eficiencia.
Costes energéticos y logística
En sectores donde el transporte es determinante —industria, distribución, retail, e-commerce o servicios con alta movilidad—, un crudo con sesgo bajista suele ser una noticia positiva. Puede traducirse en:
- Costes logísticos más contenidos.
- Mejora relativa de márgenes en operaciones intensivas en combustible.
- Menor volatilidad en contratos de transporte (según mercado y región).
Aun así, el informe invita a interpretar el alivio como un factor de eficiencia, no como una garantía de expansión automática de demanda. En algunos sectores, la competencia puede trasladar parte de ese beneficio al precio final, reduciendo el impacto directo sobre márgenes.
Planificación sin “milagros” de precio
El mensaje estratégico para 2026 es claro: planificar sin esperar “milagros” del petróleo. El entorno apunta a estabilidad relativa, con bajadas moderadas, pero sin señales de un rally sostenido que transforme por completo los costes estructurales.
En este sentido, empresas y gestores pueden apoyarse en un enfoque prudente:
- Revisar escenarios de cobertura (hedging) con enfoque realista.
- Optimizar rutas y consumo más allá del precio del barril.
- Ajustar presupuestos energéticos con rangos y no con cifras únicas.
- Preparar planes por si se producen repuntes transitorios por shocks externos.